En base al documento escrito, la tradición del toque de tambores en Mula no podemos retrollevarla más allá de 1859. Las Ordenanzas Municipales de ese año para el ejercicio de 1860 especifican:

“En las procesiones se guardará por los concurrentes el orden y compostura debidos, y en todo caso se prohibe andar por las calles con tambores, fuera de los pocos que con permiso de la autoridad distribuya la Hermandad del Carmen y aun estos irán solamente en la procesión.” (1)

Sin embargo, en base a otro documento posterior, escrito en 1875 en referencia a la tamborada de 1873, puede considerarse que la tamborada aprocesional muleña ya iba lanzada en 1859:

otamboradas2“…llego a Mula, término del viaje emprendido, un miércoles de Semana Santa en medio de un clamoroso general de tambores que atronaban los oídos y excitaban al mismo tiempo la curiosidad (…) ¿Y qué eran aquellos clamores bélicos, aquellos sonidos guerreros, en un día de oración y recogimiento para los cristianos? Unos jóvenes alegres y divertidos, siguiendo la tradicional costumbre de producir esas escenas, se habían disfrazado de nazarenos con trajes de percalina negra, azul o morada y careta, y andaban de acá para allá tocando a tambor batiente por las calles y plazas (…) ¿qué necesidad había de andar tres días con sus noches enmudeciendo los oídos de los vecinos apartados de ese palenque amatorio…? (…) ¿Para qué dar al aire los ecos de millares de tamborcillos produciendo alarma y escándalo? (…) no podemos menos de sublevarnos contra una costumbre bárbara por más que sea antigua, costumbre que además de ser altamente grosera e incómoda, escarnece cosas tan sagradas, tan dignas de veneración, que la pluma no se atreve a reseñar.” (2)

El cronista se presta a darnos unas datas clave que podríamos considerar provienen de la tamborada primigenia, como el color de las túnicas y la duración de la tocada, además de revelarnos que se trata de una antigua costumbre, que obviamente nos retrolleva más atrás de 1859, puesto que algo con 14 años de pervivencia no puede considerarse antiguo, mucho menos al ritmo de vida del siglo XIX, menos acelerado que el presente.

Dos curiosas crónicas de un corresponsal de Moratalla, dan al menos diez años más de antigüedad a la tamborada muleña, al reflejar, no sabemos con qué grado de fiabilidad, que la tamborada en Moratalla fue tomada en idea a Hellín y Mula (Moratalla queda a mitad de camino entre una y otra población) hacia 1850:

“Existía en este pueblo la anómala costumbre de tocar los tambores en los días del Jueves y Viernes Santo, con grave disgusto de las personas religiosas y sensatas. Semejante acto de inconcebible ejecución fue importado de los pueblos de Hellín y Mula.” (3)

“…prohibiendo en absoluto el toque de tambores, en los críticos días de Jueves y Viernes Santo. No nos cansaremos de aplaudir tan acertada medida, desarraigando una costumbre que rayaba en salvajismo, implantada desde el año 1850.” (4)

Pero, con 24 años de existencia, sigue sin parecernos una antigua costumbre, y hay que retrollevarla más atrás. Así que, los mismos prohibicionistas, los mismos cronistas anti-tambor, todos ellos del mismo palo ideológico, van a ponernos en bandeja los dos momentos clave en que la tamborada muleña pudo haberse iniciado, y los motivos que llevaron a los muleños a armarse de tambores y salir a las calles a batirlos.

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(1)- Archivo Municipal de Mula. Ordenanzas Municipales aprobadas por el concejo el 20 de noviembre de 1859.

(2)- Pedro María Orts. Diario “El Constitucional”. Alicante, 9 al 13 de noviembre de 1875.

(3)- “El Diario de Murcia”. 24 de abril de 1900.

(4)- “El Diario de Murcia”. 2 de abril de 1902.

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Texto y fotos: Manuel Risueño.
Mula, 26 de noviembre, 2018.

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