En la segunda memoria del jazz español figuran nombres casi anónimos, aunque, por el contrario, llenos de heroicidad y pasión por una música que a mediados de siglo seguía siendo una desconocida en nuestro país. Hoy el Consejo de Ministros ha aprobado la concesión de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes correspondientes al año 2015, incluyendo entre los ganadores al baterista alicantino Enrique Llácer “Regolí”, uno de los responsables de la implantación del género en nuestro país, profesor, divulgador y padre de la batería moderna.

El galardón, concedido a otros 29 artistas y creadores, quiere reconocer así la labor de quienes “han destacado de modo eminente en el campo de la creación, han prestado servicios señalados o fomentado notoriamente la enseñanza, el desarrollo y difusión del arte o la conservación del patrimonio artístico nacional”.  De este modo, Loquillo, Ainhoa Arteta, Alberto Cortez, Emilio Gutiérrez Caba, Cristina Iglesias, Francisco Rico o El Celler de Can Roca son otros de los premiados.

Enrique Llácer (Alcoy, 1934) se inició de manera autodidacta en la batería y la percusión a la temprana edad de 10 años, matriculándose posteriormente en los conservatorios de Valencia y Madrid e iniciándose en clases particulares junto a leyendas americanas de las baquetas como Kenny Clarke en París y Joe Jones en Nueva York.

A partir de 1952 su batería empieza a ser un mobiliario habitual en la escena del jazz catalán, para tres años después instalarse en Madrid y tocar en templos jazzísticos como el Dorian Club, el Balboa Jazz y, sobre todo, el Whisky Jazz, donde fue contratado como baterista titular durante varias temporadas Paralelamente, a su actividad en las madrugadas del jazz capitalino Regolí impulsó varias orquestas de baile, así como participó en varios festivales y programas de aquella Televisión Española en blanco y negro.

En 1972 entró por oposición en la Orquesta Nacional de España y algo más tarde como profesor de percusión en el Conservatorio de Madrid. En 1966 escribió un libro que durante muchos años ha sido de obligada lectura en las escuelas y talleres de música, La batería: técnica, independencia y ritmo. Como baterista siguió en activo hasta bien entrada la década de los años ochenta, siendo también miembro por un tiempo de la popular banda de dixieland Canal Steet Jazz Band. Igualmente durante un tiempo impartió conferencias, charlas y clases magistrales sobre la percusión y sobre la historia del desarrollo rítmico en el jazz, reivindicándose como un gran conocedor y divulgador de la materia.

Asimismo, desarrolló una importante carrera como percusionista clásico solista en la Orquesta Nacional de España, destacando en este campo también como compositor de varias obras: Enmo, Sonido y Ritmo, Polirritmia para un percusionista, Tres tiempos para un percusionista, Fantasía para batería, Sueños Divertimento para sexteto de viento, Canción de un sueño o Welleriana, para orquesta sinfónica.

El medallero al Mérito en las Bellas Artes hace justicia con la concesión de su metal más preciado a este padre de la batería moderna del jazz que es Enrique Llácer “Regolí”, un hombre de buena música, por otra parte.

Un artículo de Pablo Sanz publicado en el periódico El Mundo el 30/12/2015

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